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Juan Leyva


Luego de la religión, la segunda característica de la cultura árabe fue su enorme desarrollo urbano. Pese a su origen nómade, los árabes se acostumbraron rápidamente a la vida urbana. Por eso, en contraste con los que ocurrió con la Europa cristiana, en la cultura árabe las ciudades florecieron por todas partes. Las ciudades árabes fueron fundamentalmente centros mercantiles. S u vida giraba alrededor de la mezquita, que era el lugar donde se oraba, y del zoco o mercado. Cerca de la mezquita se hallaba la alcaicería, donde se almacenaban los productos preciosos del exterior, y en las ciudades más importantes se encontraba la casa de la moneda y el mercado de cambios. Alrededor de este núcleo se entrecruzaban las coloridas y laberínticas calles comerciales y también las viviendas.

Los Abasidas trasladaron la capital a Bagdad. A partir de ese momento, Bagdad se convirtió en la ciudad más esplendorosa y poblada de Imperio Árabe, solo comparable a la capital del Imperio Bizantino, Constantinopla. Bagdad, actual capital de Iraq, está a orillas del río Trigris, en una zona muy fértil en la que se cruzaban las grandes rutas comerciales de Asia. Era, en ese entonces, un importante puerto fluvial. Bagdad poseía dos murallas y estaba defendida por 28 torres. Se accedía a ella por cuatro puertas situadas en los cuatro puntos cardinales.




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