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Juan Leyva


"Como el vuelo de un colibrí,

el aleteo de las alas de una mariposa,

como el ruido delviento entre

los arboles, somos fugaces."


- Poema náhuatl. -

 



PRECOLOMBINAS

 

 

No sólo en el margen del Mediterráneo se desarrolló importante Astronomía, junto con China, lascivilizaciones del centro y sur de América resultaron en bastantes manifestaciones superiores a sus equivalentes occidentales. Efectivamente, en América durante la época precolombina se desarrolló un estudio astronómico bastante extenso.

 

El estudio de su Astronomía nos lo facilitan sus ‘códices’, documentos jeroglíficos escritos en finas láminas de corteza, así como por las referencias de los conquistadores europeos.


Las culturas pertenecientes a este período de desarrollo tenían una cosa en común, tomar los fenómenos celestes como fenómenos dados, sin buscar explicaciones ocultas.


A la Tierra se le atribuía la forma de un disco plano, rodeada de la bóveda celeste.

 

"Sólo por un breve tiempo estamos prestados unos a otros sobre la Tierra". –Poesía azteca

 


Azteca


La civilización Azteca surgió a partir del siglo X, en el México actual, junto con los Olmecas, de los que las otras dos culturas Mesoamericanas, Azteca y Maya, reciben importante influencia astronómica. Su máximo esplendor lo obtuvo entre los siglos XIV al XVI.

 

Los aztecas no sólo desarrollaron la Astronomía y el ‘calendario’, estudiaron y desarrollaron la meteorología, como una consecuencia lógica de la aplicación de sus conocimientos para facilitar sus labores agrícolas. 


La representación del Cielo y Tierra (masculino y femenino) estaban determinados por Ometecuhtli y Omecíhuatl, respectivamente.

 

Las eras en la cosmología azteca están definidas por soles, cuyo final estaba marcado por cataclismos. 


El primer Sol, Nahui-Oceloti (Jaguar) era un mundo poblado por gigantes, que fue destruido por jaguares.

 
El segundo Sol, Nahui-Ehécati (viento) fue destruido por un huracán.


El tercer Sol, Nahuiquiahuitl, por una lluvia de fuego.


El cuarto Sol, Nahui-Ati (agua) fue destruido por un diluvio.


Y el quinto, Nahui-Ollin (movimiento) está destinado a desaparecer por movimientos de la Tierra.

 

Para los aztecas, la Astronomía era muy importante por lo importante de la religión, de la que formaba parte. Construyeron observatorios que les permitieron realizar observaciones muy precisas, hasta el punto que midieron con gran exactitud las revoluciones sinódicas del Sol, la Luna y los planetas Venus y Marte.

 

El calendario azteca, ’piedra del Sol’, es el monolito más antiguo que se conserva de la cultura prehispánica. Se cree que fue esculpido alrededor del año 1479. Se trata de un monolito circular con cuatro círculos concéntricos. En el centro se distingue el rostro de Tonatiuh (Dios Sol). Los cuatro soles o eras anteriores, se encuentran representados por figuras de forma cuadrada que flanquean al quinto sol, en el centro. El círculo exterior está formado por 20 áreas que representan los días de cada uno de los 18 meses que constaba el calendario azteca. 


Para completar los 365 días del año solar, los aztecas incorporaban 5 días aciagos (nemontemi).


La sucesión del día y la noche se explicaba por las constantes luchas entre los astros principales. Dado que durante el día es muy difícil observar la Luna e imposible a las estrellas, los aztecas interpretaban que el sol naciente (Huitzilopochtli) mataba a la Luna (Coyolxauhqui) y a las estrellas.


Como casi todos los pueblos antiguos, los aztecas agruparon las estrellas brillantes en asociaciones aparentes, constelaciones. Los cometas fueron denominados "las estrellas que humean".

 


Incas


Los Incas resulta ser el imperio más representantivo de América meridional, en los Andes centrales. Florece en los tiempos de la conquista española, mediados del s.XVI.

 

Culturas preincaicas realizaron obras como las 'Lineas de Nazca' - rayas y figuras dibujadas sobre una llanura seca. Las rayas tienen dimensiones que van de pocos metros a cientos, aparentemente sin dirección, pero trazadas aprovechando las especiales condiciones meteorológicas y geológicas de este lugar.


La casi total ausencia de lluvias (se recoge cada 2 años una media hora de lluvia) 

combinado con el viento, que las limpia, y el suelo rico en minerales, como el yeso que fija la piedra de la superficie, formaron una delgadísima costra oscura, que, al ser removida, contrasta con el color claro del subsuelo.


De este modo las amplias líneas y figuras aparecen como trazos claros sobre un fondo oscuro que sólo pueden apreciarse desde gran altura. Han motivado las más variadas conjeturas. Es innegable que tienen características naturales muy particulares siendo ideal para plasmar las creencias de los nasqueños antiguos.


Pues bien, algunas de ellas apuntan a hitos astronómicos como solsticios y equinoccios, y otras apuntan a cerros no muy cercanos pero observables desde la pampa. De la mayoría no se tiene explicación alguna.

 

La Astronomía jugó un papel muy importante para la construcción de sus ciudades. Los Incas daban mucha importancia a las constelaciones y estaban muy interesados en la medición del tiempo para fines agrícolas. Poseían sus propias constelaciones entre las cuales, se destacan la Cruz del Sur y el Centauro. Para ellos la Vía Láctea era oscurecida por sacos de carbón.

 

Es en Cuzco, capital inca ubicada en el actual Perú, donde se han encontrado documentos de colonizadores españoles que describen el Templo del Sol, del cual irradiaban cuarenta y un ejes llamados ‘ceques’, cuya disposición implicaba alineamientos geománticos o astronómicos, que dividían el valle en 328 ‘huacas’, las cuales cumplían funciones rituales y políticas. También en Cuzco, monumentos sagrados en alineación astronómica puesto que apuntan a los ortos del Sol en los días que pasa por el cenit, momento en que directamente pasa a través de la vertical.

 

Los Incas conocían la revolución sinódica de los planetas con admirable exactitud, construyeron un calendario Lunar para las fiestas religiosas y uno solar para la agricultura. Utilizaron elementos como mojones alrededor de los pueblos para realizar Astronomía observacional.


Las anotaciones en los ‘quipus’ (cordeles con nudos) dan 115,88 días para Mercurio, 584,8 días para Venus y 398,88 días para Júpiter. Los valores modernos son respectivamente 115,88 d, 583.92 d y 398,88 d. El calendario consistía en un año solar de 365 días, repartidos en 12 meses de 30 días y 5 días intercalados.

 

Su calendario consistía en un año solar de 365 días, repartidos en 12 meses de 30 días y con 5 días intercalados. Se sabe que el calendario era determinado observando al sol y a la luna. Para fijar las fechas exactas del año y meses, Pachacútec (el noveno gobernador del imperio inca) dispuso la edificación de 12 torres o pilares localizados al Este de la llacta (en quechua, centros administrativos del imperio inca) del Cusco, llamados ‘sucangas’.

 


Mayas


Inicialmente, entre los siglos IV a IX, habitaron zonas de lo que hoy es Honduras y Guatemala, en su segunda era, entre los siglos IX y XIV, su ubicación principal estaba en la península de Yucatán, al sur de lo que hoy es México.  

                

 Cuando los españoles llegaron a principios del siglo XVI, las ciudades mayas ya estaban abandonadas y la mayoría de la población vivía en zonas rurales.

 

Si los distintos pueblos del México antiguo llegaron hasta la fase jeroglífica, los mayas lograron la fase silábico-alfabética en su escritura.


La numeración iniciada por los olmecas con base vigesimal, la perfeccionan los mayas, en los siglos III y IV a.c.


Además de la Astronomía y las matemáticas, la arquitectura maya contiene las pirámides más perfectas de las Américas.

 

Los estudios sobre los astros que realizaron los mayas siguen sorprendiendo a los científicos. Su obsesión por el paso y medida del tiempo y por el movimiento de los cuerpos celestes se basaba en la concepción cíclica de la historia, y la Astronomía fue la herramienta que utilizaron para conocer la influencia de los astros sobre el mundo.


Los mayas conocieron desde el tercer milenio a.c., un desarrollo astronómico muy polifacético. Muchas de sus observaciones han llegado hasta nuestros días, algunas nos llegan precisas, como el eclipse lunar del 15 de Febrero de 3.379 a.c. Inscribieron en monumentos de piedra fórmulas para predecir los eclipses solares, por interpretaciones astrológicas, destacando como ‘periodos de peligro’ cada 177 días (siendo 173,3 días los que transcurren para que sol y Luna se crucen en sus trayectorias aparentes del cielo, por tanto para que pueda darse un eclipse).

 

Su ‘calendario’, de los más avanzados, comienza en una fecha cero que posiblemente sea el 8 de junio de 8.498 a.c. en nuestro cómputo del tiempo, aunque no es del todo seguro. Los mayas tenían un año de 365 días, con 18 períodos de 20 días y un período adicional intercalado de 5 días, de mala suerte, llamado Uayeb, 'sin nombre'.(18x20=360+5=365 días).

 

También tenían un calendario sagrado, Tzolkin, aún más desarrollado, de 260 días que incluía el cálculo exacto del año solar, de los eclipses, y de los ciclos de planetas y estrellas. La cifra, extraña en apariencia, resulta de basarse en el planeta Venus (y no en el Sol o la Luna, como el resto de calendarios), el planeta más brillante y de extrema importancia para los mayas. Necesitaban saber el momento en que el orto venusiano aparecería, tras haber desaparecido con el amanecer, para salvarse de los peligros que podrían acontecer de ese evento.


Desde la Tierra, Venus parece tener un ciclo de 584 días ( revolución sinódica) y 65 ciclos de 584 días suponen 46 ciclos de 260 días, lo cual no es una relación aritmética casual, antes bien aparece en una de las tablas del códice del calendario sagrado, que permiten calcular con impresionante exactitud los ciclos de Venus con precisión casi exacta en un período de 500 años.

 

Resulta así el ‘calendario solar maya’ era más preciso que el que hoy utilizamos. Todas las ciudades del periodo clásico están orientadas respecto al movimiento de la bóveda celeste. Muchos edificios fueron construidos con el propósito de escenificar fenómenos celestes en la Tierra, como El Castillo de Chichén Itzá, donde se observa el descenso de Kukulkán, serpiente formada por las sombras que se crean en los vértices del edificio durante los solsticios.


Las cuatro escaleras del edificio suman 365 peldaños, los días del año. En el Códice Dresde y en numerosas estelas se encuentran los cálculos de los ciclos lunar, solar, venusiano y las tablas de periodicidad de los eclipses.

 

El Palacio del Gobernador en Uxmal (México) está orientado hacia una pirámide no distante en alineación coincidente con la salida más meridional de Venus, y en la dirección diametralmente opuesta lo está hacia la más septentrional, estando el edificio lleno de jeroglificos representando a Venus.


El territorio por explorar en relación a estas culturas y su Astronomía es extensísimo, los conocimientos que poseemos no son sino una parte de lo que futuras investigaciones podrían desvelar.


Sirva de ejemplo de tal aseveración, el hecho de que en Mayo de 2012, el año que los mayas daban como momento de cataclismo, de fin de una era, se produce un hallazgo que tanto a arqueólogos como astrónomos genera gran espectación.


En Guatemala, en las ruinas de Xultún, extensión descubierta en 1915, se ha descubierto el calendario astronómico maya más antiguo conocido.


Uno de los científicos resonsable del hallazgo, el arqueólogo William Saturno, de la Universidad de Boston, afirma que han detectado una novedad que contradice la posibilidad de que los mayas previesen esta fecha como el punto final del mundo. En los restos del calendario han identificado 17 ciclos astronómicos, y no los 13 acostumbrados, lo que desmontaría tal teoría.


Los investigadores inciden en la importancia de la antigüedad del calendario, fechado en el siglo 9 d.c.. Saturno valora que: "Vemos que los mayas estaban haciendo estos cálculos cientos de años antes de que se registraran en los códices, en lugares que no eran libros", de acuerdo con su tesis, el calendario maya no tiene término, es un ciclo que, donde acaba, vuelve a empezar y se perpetúa millones de años.

 




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